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domingo, 25 de enero de 2026

Daño reputacional y gestión de la respuesta ante emergencias

 

 

Con ocasión de la organización de la ayuda destinada a las personas damnificadas por los recientes incendios forestales ocurridos en la Región del Biobío, las redes sociales y otros espacios de opinión pública se han visto ampliamente permeados por críticas severas —en muchos casos expresadas en términos impropios— dirigidas hacia las autoridades, principalmente en relación con la percepción de tardanza en la entrega de ayuda humanitaria, tanto de elementos esenciales y de primera necesidad como de insumos orientados al inicio de los procesos de reconstrucción.

Desde el nivel central se ha informado que la ayuda se concentrará en un centro de acopio habilitado en dependencias de la empresa pesquera Camanchaca, en la comuna de Talcahuano, desde donde se supone que una vez recepcionada, clasificada y organizada, será distribuida a las personas afectadas. En esa misma línea, el Jefe de la Defensa Nacional designado para la Región del Biobío ha realizado un llamado explícito a no concurrir directamente a localidades como Penco o Lirquén, toda vez que los aportes solidarios deben ser canalizados hacia dicho centro logístico.

Desde una perspectiva operativa, este llamado resulta técnicamente adecuado. Tal como han reportado diversos medios de comunicación, la llegada masiva de personas en vehículos particulares con la intención de colaborar, si bien responde a un loable impulso solidario, en términos prácticos ha generado dificultades para el despliegue eficiente de los recursos institucionales, especialmente de maquinaria pesada y equipos de emergencia. Asimismo, esta medida apunta a mitigar un fenómeno ampliamente documentado a nivel internacional, conocido como turismo del desastre, el cual tiende a entorpecer la gestión de la respuesta en contextos de emergencia.

Existe consenso en la literatura especializada en gestión del riesgo de desastres en que aquellas acciones que no han sido debidamente planificadas y preparadas con anterioridad difícilmente logran un funcionamiento óptimo durante una crisis. En este contexto, resulta pertinente plantear la interrogante respecto de si el centro de acopio habilitado en Talcahuano formaba parte de algún instrumento de planificación previa o si existía una coordinación logística establecida con anterioridad a la ocurrencia de los incendios. Si bien la crítica por sí sola no contribuye a la solución del problema, ello no invalida la necesidad de formular cuestionamientos legítimos respecto de la planificación regional en materia de emergencias y de reducción del riesgo de desastres.

En paralelo, se ha observado que diversas organizaciones privadas, así como al menos un gobierno extranjero, han optado por canalizar la ayuda de manera directa hacia las comunidades afectadas, estimando —probablemente con fundamentos atendibles— que de este modo se evita que los aportes queden entrampados en lo que podría denominarse una “burocracia del desastre”, lo cual podría retardar la llegada efectiva de la ayuda a quienes la requieren con urgencia.

La estructuración de una especie de hub logístico centralizado en Talcahuano para la recepción y distribución de la ayuda solidaria no constituye, en sí misma, una medida incorrecta; por el contrario, desde el punto de vista técnico puede considerarse una práctica adecuada. No obstante, emerge aquí el elemento que da título a este análisis: el daño reputacional del Estado, y en particular de la actual administración, en relación con su capacidad de respuesta y apoyo a las personas damnificadas. Dicho daño reputacional no carece de sustento, toda vez que la experiencia posterior a los incendios ocurridos en la Región de Valparaíso durante el año 2025 entrega antecedentes que han alimentado la desconfianza ciudadana respecto de la acción estatal en escenarios de desastre.

En este marco, el Sistema Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (SINAPRED) está evidenciando fisuras que no se esperaba persistieran a esta altura de su implementación. La fase de respuesta no puede ni debe constituirse en EL principal sostén del ciclo de gestión del riesgo en Chile, especialmente considerando la existencia de múltiples organismos públicos y privados que promueven activamente la Gestión del Riesgo de Desastres (GRD), siendo precisamente las instituciones públicas las responsables de elaborar y ejecutar planificaciones nacionales, regionales y comunales orientadas a la prevención, preparación y mitigación de los impactos de eventos extremos.

Finalmente, resulta necesario señalar que el Estado de Chile requiere avanzar decididamente en la reparación del daño reputacional que ha afectado al SINAPRED en los últimos años. Para ello, se hace imprescindible una autocrítica institucional profunda y, sobre todo, una revisión rigurosa de lo planificado en materia de Gestión del Riesgo de Desastres, integrando de manera efectiva al sector privado y a las múltiples organizaciones de la sociedad civil que han manifestado su disposición a colaborar con los gobiernos de turno en la prevención, preparación y respuesta frente a emergencias.

 

JOSÉ RAÚL ASTROZA MUÑOZ

 Mag. en planificación de GRD.

 

jueves, 12 de noviembre de 2020

MANEJO DE LA EPIDEMIA EN CHILE Y LA CONTRASTACIÓN DE DATOS DESPUÉS DEL PLEBISCITO DEL 25 DE OCTUBRE DE 2020

El 25 de Octubre 7 millones y medio de Chilenos en todo el país salieron de sus casas a emitir su voto, sin olvidar los varios miles más que en las horas posteriores celebraron el triunfo del apruebo en muchas ciudades de Chile, en muchos casos sin la más mínima medida de cuidado.

Los muchos “expertos” que han desfilado por los medios de prensa todos estos meses, nos han señalado categóricamente que siempre y en todo momento el confinamiento total era la mejor solución para detener el avance del virus, sin embargo las voces cambiaron para morigerar los posibles riesgos durante el plebiscito.

A 18 días de producido el acto plebiscitario, las cifras oficiales muestran una disminución en los contagiados y una baja sostenida en los números de fallecidos, despejando las dudas respecto a una posible segunda ola que se podría originar, ya que se estaba vulnerando una de las principales recomendaciones hechas tanto por la autoridades como por los “expertos”, y que consistía en mantenerse en casa si no era necesario salir y con ello disminuir lo más posible la movilidad y el contacto estrecho.

Como simple ciudadano me surgen fundadas dudas respecto a mucho de lo que se ha dicho todo este tiempo, en especial las medidas adoptadas, como las extendidas cuarentenas que finalmente y a pesar de los obcecados que no quisieron verlo, le ha traído a Chile una crisis económica importante, sin dejar de lado el tremendo daño colateral respecto a decenas o quizás centenares de miles de personas que vieron agravadas sus patologías (distintas al coronavirus) durante todos estos meses y que quizás fueron la causa de muchas muertes o cambios negativos en los diagnósticos, y que probablemente serán cifras que nunca veremos o conoceremos.

Nadie tenía la varita mágica para saber cómo manejar la pandemia, pero sin duda alguna durante estos meses se ha podido apreciar como “expertos” y medios de prensa no estuvieron a la altura de las circunstancias, sin olvidar a los muchos alcaldes que no trepidaron en buscar las cámaras para ladrar sus opiniones en los medios, olvidando que en sus propias comunas la gestión de riesgos estaba muy al debe y todavía lo sigue estando. 

Para finalizar, lo ocurrido deja en evidencia que pese a terremotos, tsunamis, erupciones, aluviones, inundaciones, etc., el país no entiende la gestión de riesgos de desastres, y lo más grave y que debiera ser objeto de posteriores análisis, es como una pandemia, es decir una amenaza biológica que devino en una desastre, mostró a personajes públicos que emplearon este desgraciado evento como herramienta política y de lucha ideológica.

 


Minutos después que comenzara a publicar mi comentario en algunas redes, apareció esta noticia, donde el alcalde de la ciudad de Puerto Montt manifiesta la molestia de su ciudad a raíz de la situación de cuarentena que vive esa localidad.

 


 Acto seguido a la noticia anterior, y como parte del mismo programa de TV, un periodista hace un presagio catastrófico en base a lo que sucede en Europa sin otro factor de comparación que permita analizar los datos.

lunes, 19 de septiembre de 2016

"CEREBRO" DEL SAMU MUESTRA EN TIEMPO REAL UBICACIÓN DE AMBULANCIAS

Fuente: El Mercurio (Chile)


Renovación del centro regulador de las urgencias prehospitalarias en la Región Metropolitana:

Se sumaron respaldos informáticos, eléctricos y pantallas gigantes. Experto dice que falta mejorar urgencias de hospitales para optimizar el sistema completo.

Al marcar en un teléfono el 131 desde Santiago, esa llamada iba directo a la ex Posta Central, donde se ubicó hasta el 31 de agosto el "Centro Regulador" del Servicio de Atención Médica de Urgencia (SAMU).

Los operadores contestaban las llamadas (el 95% de ellas corresponde a asuntos impertinentes) y, tras la evaluación de una enfermera, se decidía el eventual despacho de una ambulancia. En el caso de un vehículo avanzado, este era dirigido al lugar de la emergencia en un plazo promedio de 5 minutos (según datos hasta 2014 del propio servicio).

Desde el envío hasta la llegada de la ambulancia a la emergencia demoraban 30'20''.

Para lograr esos tiempos -muy influidos actualmente por el creciente aumento de tránsito vehicular- había todo un trabajo previo, que desde este mes se hace en las dependencias del ex Hospital Militar, en Providencia.

Al hacer la comparación entre lo que había hasta ahora y el nuevo modelo implementado en el ex recinto castrense, queda en evidencia la vulnerabilidad que había en la Región Metropolitana hasta el mes pasado.

Por ejemplo, si una gran catástrofe afectaba a Santiago, hasta hace 15 días nada garantizaba el funcionamiento del SAMU, que opera como la primera respuesta ante este tipo de situaciones. Hoy ese incierto escenario cambió, luego que se pusieran en marcha las mejoras tecnológicas asociadas al traslado de las dependencias.

El punto más destacado de este salto tecnológico fue la adquisición de 12 monitores de 42 pulgadas, que se utilizan como una gran pantalla extendida, y que permite visualizar los datos de las llamadas entrantes, planos con la georreferenciación de las ambulancias en la ciudad, cámaras de gestión de tránsito y canales de noticias. Todo simultáneamente.

Además, se aseguraron las capacidades del lugar: se instalaron sistemas de respaldo de energía independientes del Hospital Félix Bulnes (ubicado en las dependencias del ex Hospital Militar, en Providencia); se sumaron diez líneas análogas conectadas directamente a la red de telefonía, por si falla la central telefónica del 131, y se adquirió un teléfono satelital, inexistente hasta ahora.

El director del SAMU, Fernando Araos, asegura que el cambio permitirá tener "una mejor capacidad de respuesta en la atención prehospitalaria".

Leonardo Ristori, director de urgencia de la Clínica Indisa y ex director del SAMU y de la ex Posta Central por 13 años, afirma que "este tipo de mejoras son necesarias (...) no solo para poder hacer el seguimiento de las ambulancias, sino también el poder retener en el computador información asociada al domicilio, los llamados que se han hecho desde ese domicilio".

Sin embargo, Ristori plantea que "no debe pensarse que por tenerse un mejor centro regulador va a mejorar el servicio de ambulancia. Gran parte del problema está en los servicios de urgencia que, si están llenos, no van a poder recibir a los pacientes y la ambulancia quedará retenida".



martes, 26 de abril de 2016

CHILE ESTÁ ENTRE LOS 10 PAÍSES QUE MÁS DESASTRES Y GASTOS ASOCIADOS TUVIERON EN 2015

Fuente: Diario La Tercera

Periodista: Cristina Espinoza
 
Según datos de la ONU, el año pasado el país gastó 3.100 millones de dólares en ese ítem.


El 3 de marzo del año pasado amaneció con una Alerta Roja por el volcán Villarrica. El macizo de la Región de la Araucanía, entró en erupción cerca de las 3 de la mañana, nada raro considerando que es uno de los más activos en Sudamérica, no hacía erupción desde 1991 y su actividad venía en aumento desde febrero.

Fue el primer evento extremo de 2015, al que se sumaron otros seis, que pusieron a Chile entre los países que más desastres sufrieron en el año, de acuerdo a la Oficina de Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNISDR). En total, se gastaron 3.100 millones de dólares, con lo que fue el sexto país que más gastó en el ítem en el mundo.

Según la Oficina Nacional de Emergencia (Onemi), el año pasado el déficit hídrico fue lo que movilizó más fondos, con un total de 32.947 millones de pesos. Le siguen los aluviones provocados en la Región de Atacama, Antofagasta y Coquimbo, tras el núcleo frío en altura (19.724 millones de pesos), los incendios forestales (19.469 millones), el terremoto de Illapel (4.815 millones) y emergencias volcánicas (1.600 millones).

A pesar de no ser el único servicio a cargo de reaccionar y gestionar fondos ante un desastre, el registro de la Onemi muestra similitudes con lo que ocurrió a nivel mundial.

Según la UNISDR, en 2015 los desastres climáticos marcaron la pauta. “Hemos llegado hasta el año más cálido registrado. 98,6 millones de personas fueron afectadas por los desastres el año pasado y el clima, a menudo con la ayuda de un fuerte El Niño, fue un factor en el 92% de esos eventos”, dijo  Robert Glasser, jefe de la UNISDR, en un comunicado.

En Chile, el fenómeno hizo que la baja segregada, que causó los aluviones en el norte en marzo de 2015, tuviera más vapor de agua disponible y, por lo tanto, precipitara más. Sin embargo, su tardía llegada en el invierno, evitó terminar con la megasequía que, en algunas zonas lleva siete años, y afecta a siete regiones.

“Aunque se origina en el Pacífico tropical, El Niño tiene impactos que se sienten lejos, en todo el planeta”, dice a La Tercera Michael McPhaden, experto en el fenómeno de la Administración Oceánica y Atmosférica de EE.UU. (Noaa).

El Niño 2015-16, que va declinando, fue uno de los más fuertes en el registro. “Como los Niños fuertes de 1982-83 y 1997-98, este evento altera dramáticamente los patrones normales de variabilidad climática en el mundo, contribuyendo con sequías, inundaciones, olas de calor y otros eventos extremos en muchos países”, señala McPhaden. “La cifra de UNISDR representa sólo el 1,4% de la población del mundo. Gracias, en parte, al exitoso pronóstico y sistemas de alerta, el número no es más grande”, enfatiza.

Un estudio global sobre desastres naturales y pérdida económica, del Instituto de Tecnología Karlsruhe (Alemania), señaló esta semana que las inundaciones han causado los mayores daños. “En los últimos años, terremotos y tormentas muestran un papel cada vez mayor”, indicaron.

En Chile, según explica a La Tercera James Daniell, líder de la investigación, la tendencia de las tormentas parece constante, pero la principal amenaza siguen siendo los terremotos. “Desde 1900, alrededor del 91% de todos los costos de desastres han sido debido a ellos y sus consecuencias, como tsunamis, inundaciones o incendios. Muestra una tendencia ligeramente decreciente, gracias a mejores prácticas de construcción”, dice.

Inundaciones, incendios forestales, volcanes y tormentas han causado grandes destrucciones, pero aún no tienen una tendencia. Con todo, el gasto chileno en desastres representa cerca del 2% de todo lo que se ha gastado en la historia, a nivel mundial, en ellos, indica.

El gasto y la gestión

Rodrigo Cienfuegos, director del Centro Nacional de Investigación para la Gestión de Riesgo de Desastres (Cigiden), cuenta que en 2015, en la reunión de la UNISDR, una de las conclusiones fue que hay que invertir para reducir el riesgo. “Se mostraban cifras que indicaban que si se invertía un dólar se podría evitar el gasto de US $7 en reconstrucción o rehabilitación. Si eso se definió como estratégico es porque hay una falencia mundial. Sobre todo en Chile, estamos muy al debe, siempre hemos estado reaccionando a los desastres”, dice.

De acuerdo al especialista, la Onemi ha hecho todo lo que ha podido dentro del marco y el presupuesto con que se mueve, “que es muy ridículo comparado con los desafíos que enfrenta”.

Según cálculos del Cigiden, el presupuesto del servicio (que para este año fue poco más de 13.805 millones de pesos), alcanza sólo para tener algunos planes de preparación y educación, además de destinar al Servicio Sismológico y a su estructura regional y operativa. La estimación es que se destinan cerca de 2.000 pesos por habitante al año, diez veces menos que en EE.UU.  y cien veces menos que en Japón.

“El gran presupuesto que se maneja en temas de desastres viene después; en planes de recuperación, reconstrucción, limpieza, no en la Onemi, que se supone que viene antes”, dice.

Paulina Aldunce, investigadora del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2) y parte de los científicos que asesoran en la Plataforma Nacional de Reducción del Riesgo de Desastre, de la Onemi, dice que el 27F fue un punto de inflexión para mejorar lo institucional. “Se ha mejorado en los últimos cinco años, pero todavía nos vemos sobrepasados con desastres de gran magnitud”, dice.

Agrega que desde la academia, enfatizan en que hay que ampliar la red de monitoreo de las condiciones climáticas, educar a la población y hacer el proceso más participativo, incorporando perspectivas locales.

Pilar Moraga, investigadora del CR2, dice que una de las grandes deficiencias es en el conocimiento de dónde están las vulnerabilidades, qué significan y cuántas muertes y costos pueden causar. “No tenemos números, datos duros, y el problema de no tenerlos es que no podemos tomar decisiones”, dice.

martes, 26 de enero de 2016

LA FALLA DE SAN RAMÓN “ESTÁ LISTA PARA PROVOCAR UN GRAN TERREMOTO”

Fuente: Portal Elciudadano.cl

De acuerdo a los estudios realizados por expertos académicos de la Universidad de Chile , la falla de San Ramón está activa y "lista para generar un nuevo terremoto de gran magnitud".



Los resultados de la investigación, recientemente publicados en una de las revistas de geología más importantes del mundo -Geology-, determinan que la fractura geológica, ubicada en el sector oriente de la capital “ha generado por lo menos dos terremotos de magnitud 7,5 en los últimos 17.000 años, y el último ocurrió hace unos 8.000 años. Entonces, de acuerdo a estos antecedentes, la falla estaría lista para generar un nuevo terremoto de gran magnitud”, precisa el investigador y co autor del estudio Gabriel Vargas.

Al respecto, el geógrafo Marcelo Lagos, consultado por el sitio Publímetro  explicó que la falla es en sí misma una fractura que  “acumula tensión y esa tensión se libera mediante terremotos”.

“Nadie puede decir específicamente cuando, pero hay una probabilidad, y donde hay una probabilidad quiere decir que hay riesgos. La discusión principal pasa por entender que de alguna forma cambia el escenario de peligrosidad sísmica de la ciudad de Santiago porque ahora tenemos un foco de peligro que esta al lado de nosotros, en el contacto que hay del valle central y la cordillera de los andes”, explicó el experto.

Consultado sobre cómo sería un movimiento telúrico de gran magnitud en la zona, el geógrafo  señaló que “estamos encima de la fuente, las aceleraciones de superficie van a ser mayores probablemente a las cuales están diseñadas las estructuras”. Lagos añadió que “gran parte de los asentamientos humanos cercanos a la traza de de la falla, hablamos de un área de afluencia de al menos 10 kilómetros, van a estar expuestos a esfuerzos que podrían generar daños estructurales y eso implica que hay que preocuparse”.