El incidente en Las Trancas demuestra, sin lugar a dudas, que seguimos teniendo brechas importantes entre lo que se declara sobre preparación y lo que se hace en la práctica ante amenazas y desastres. El organizador priorizó el lucro, pero también fallaron el municipio y la delegación regional, y llamó la atención la conducta imprudente de muchos asistentes, visible en los medios. Tampoco hubo una comunicación clara de Carabineros advirtiendo sobre la inconveniencia de realizar un evento en pleno frente de mal tiempo.
Este comportamiento no es aislado; mientras el país enfrenta daños por los recientes frentes climáticos y una compleja situación económica, hay autoridades que incluso proponen destinar fondos de reconstrucción para festejos (fiesta de la pampilla). ¿De qué sirven entonces los COGRID, los planes de respuesta y las normativas de gestión del riesgo si, en emergencia, algunas autoridades y ciudadanos actúan de la manera como acabo de describir?.
Las normas y planes existen, pero no han calado lo suficiente en la ciudadanía ni en la gestión local. La gestión del riesgo en Chile aún tiene un largo camino: no basta con decir que estamos preparados; la preparación real requiere voluntad, control y responsabilidad colectiva.








